La Carta de Marear

La apremiante e insistente encomienda real de elaborar una carta de marear o mapa ilustrando la ubicación de las islas ya descubiertas en el primer viaje de descubrimiento, las que fuesen descubiertas en el segundo, y las rutas marítimas para llegar hasta ellas, por constituir uno de los principales propósitos del segundo viaje de descubrimiento, fue otro motivo por el cual Colón estaba impedido de dejar la Isla de San Juan Bautista y continuar su ruta a La Española sin antes dar cabal cumplimiento a dicha real encomienda, para lo cual le resultaba imprescindible llegar hasta la ensenada de Mayagüez, desde la cual podría completar su apreciación de la forma y dimensiones de la isla, con cuyo conocimiento el cartógrafo Juan de la Cosa pudo elaborar la carta de marear que, de hecho, culminó en el primer mapa del nuevo mundo.

Otro de los propósitos fundamentales del segundo viaje de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo en 1493 fue dar cabal cumplimiento a la real encomienda de elaborar una carta de marear, o sea, un mapa o carta náutica de las islas descubiertas y de las rutas marítimas o derroteros para navegar hacia ellas.

En la Carta que los Reyes enviaron al Almirante desde Barcelona el 4 de agosto de 1493 le encomendaron:

“Las cartas de navegar nos enviad en todo caso antes que os partáis, en lo cual servicio nos faréis”.

En Carta Mensajera enviada desde Barcelona a Colón por la Reina Isabel el 5 de septiembre de 1493, ésta le encargó nuevamente al Almirante que le enviase la antes mencionada carta de marear.

“La carta de marear que habíades de facer, si es acabada, me enviad luego”;… “sería bien que llevásedes con vos un buen astrólogo y nos paresció que sería bueno para esto Fray Antonio de Marchena, porque es buen astrólogo, y siempre nos paresció que se conformaba con vuestro parecer, por eso, si a vos parece sea éste, sino otro cual vos quisiéredes…” 1

Carta de la Reina a Colón fechada el 5 de septiembre de 1493 urgiéndole que le envíe la carta de marear, si ya estaba hecha.Carta de la Reina a Colón fechada el 5 de septiembre de 1493 urgiéndole que le envíe la carta de marear, si ya estaba hecha.Es obvio que a los seis meses de haber regresado de su primer viaje de Descubrimiento el Almirante aún no había entregado a los reyes una carta de marear en la que se indicase cómo navegar hasta el Nuevo Mundo y en la que se mostrase las ubicación, disposición y extensión de las tierras recién descubiertas. Esto resultaba inadmisible, pues dicha carta era indispensable para que los reyes pudiesen enviar otros navegantes castellanos a sus recién adquiridas islas en el Nuevo Mundo, ya que hasta entonces únicamente Cristóbal Colón conocía los derroteros a seguir para llegar hasta ellas. Dicha carta de marear también sería absolutamente indispensable para solicitar la intervención del Papa como mediador y evitar un conflicto bélico con el reino de Portugal, pues los ánimos políticos estaban muy caldeados y el historial de agravios entre los reinos de Castilla y Portugal, entremezclados con rivalidades y linajudas pretensiones dinásticas era muy largo y cruento.

El Sumo Pontífice no podía desempeñar el papel de árbitro componedor y pacificador o intermediario entre dos reinos cristianos ni dilucidar álgidos planteamientos sobre si los descubrimientos de Colón violaban o no las disposiciones de tratados previos entre los reinos de Castilla y Portugal o las de sus anteriores Bulas, sin saber siquiera a ciencia cierta dónde ubicaban las islas que motivaban las acres disensiones entre ambos reinos, ni conocer su ubicación geográfica, pues debía estar en posición y tener un sólido y bien fundamentado saber geográfico y conocimiento de causa para resolver justa y equitativamente lo que le iba a ser planteado, así que la carta de marear era absolutamente esencial para los esfuerzos diplomáticos del reino de Castilla ante la Santa Sede encaminados a conseguir algún tipo de avenencia con el reino de Portugal que le asegurase la pacífica e indiscutida posesión de las nuevas islas descubiertas.

Todas las islas descubiertas hasta entonces en ese segundo viaje eran relativamente pequeñas y no resultaba difícil precisar su contorno para dibujarlas fiel y acertadamente en una carta de marear, razón por la que fueron luego denominadas como las Antillas menores. Sin embargo, el tamaño de la isla de San Juan Bautista, hoy Puerto Rico, la primera de las Antillas mayores en ser descubierta en el segundo viaje, requería de una inspección más prolija para obtener una idea más exacta de su forma y de su tamaño. Si ya Colón había visto la costa este de la Isla cuando se aproximaba a ella desde la dirección de Vieques y había recorrido toda su costa norte, para poder dibujar sus contornos en la proyectada carta de marear y hacerse de una idea más exacta de su tamaño, necesariamente debía descender en dirección sur por su costa oeste, bojeando al menos parte de su costa de poniente, lo suficiente como para cerrar matemáticamente el cuadrilongo y comprobar, según la ciencia náutica, que en efecto, se trataba de una isla y para hacerse de una idea bastante exacta del largo de ese litoral y, por ende, del tamaño aproximado de la Isla.

Plano de la costa noroeste de La Española dibujado por Cristóbal Colón.Plano de la costa noroeste de La Española dibujado por Cristóbal Colón.Al saber, por los indios que había llevado a Castilla a la vuelta de su primer viaje de descubrimiento y a quienes traía consigo en el segundo viaje, que esta isla era la última que había antes de La Española y de las otras islas descubiertas en su primer viaje, Colón supo que al completar su apreciación cartográfica del contorno de la isla de Boriquén, habría dado cabal cumplimiento a la segunda parte de su misión: Hacer la carta de marear que había sido objeto de un perentorio requerimiento regio. Ciertamente no se comprendería que hubiese abandonado las inmediaciones de la Isla sin haber completado una tarea tan fundamental y necesaria requerida expresa e insistentemente por los propios reyes. Un análisis del mapa de Juan de la Cosa elaborado después de dicho segundo viaje, revela que Colón sí pudo constatar el tamaño y forma de la isla que él bautizó como San Juan Bautista, hoy Puerto Rico, y esto no pudo haberlo hecho sin haber estado en la ensenada de Mayagüez.

El posible interés cartográfico en constatar que, en efecto, Boriquén era una Isla, y el interés en medir su anchura pues, de otro modo, la costa norte de Puerto Rico pudo haber sido tenida hasta como el extremo o punta saliente de una península continental, como había ocurrido erróneamente ya con Cuba, pues al no haber sido ésta explorada en toda su extensión durante el primer viaje, Cuba fue inicialmente tenida como tierra firme, o sea, como parte de lo que aún se creía que era el corriente asiático. Solamente asomándose más al sur de la Punta de San Francisco, (Desde la cual se divisa toda la ensenada de Mayagüez hasta el área de los Morrillos de Cabo Rojo), podía Colón constatar que Boriquén era una isla tal y como, sin duda, tenía suficientes motivos para sospechárselo, y hacerse una idea apropiada de su anchura, forma y tamaño.

Lo cierto es que el primer mapa del Nuevo Mundo, que fue el dibujado en 1499 en el puerto gaditano de Santa María por el cartógrafo Juan de la Cosa, quien vino con Colón en aquel segundo viaje, publicado en 1500, muestra la ubicación, la forma y el tamaño aproximado de la isla de San Juan Bautista, hoy Puerto Rico, lo cual el cartógrafo no hubiera podido apreciar desde la rada de Aguada-Aguadilla y sí después de doblar el Cabo de San Francisco, desde donde se divisa toda la ensenada de Mayagüez.

Habiendo alcanzado a dar finalmente en la ensenada de Mayagüez un cabal cumplimiento a dos de los propósitos esenciales de su segundo viaje; cerciorarse de la presencia de una escuadra portuguesa y recoger la data necesaria para la elaboración de una carta de marear mostrando la ubicación, disposición, forma y tamaño de las islas descubiertas, además de la ruta más conveniente para llegar a ellas, Colón pudo entonces descansar tranquilo al fin, con la satisfacción de la labor cumplida, lo cual explica la recalada y estadía de dos días de su real armada, confortablemente fondeada en las tranquilas aguas de la extensa ensenada de Mayagüez. Es por eso que podemos concluir con ineludible certeza que el puerto en el litoral de un canal en el poniente de Puerto Rico en el cual fondeó la real armada de Castilla el martes 19 de noviembre de 1493 fue la ensenada de Mayagüez.


1. Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo XIX, pág. 193.

Segmento del mapa de Juan de la Cosa, 1499.Segmento del mapa de Juan de la Cosa, 1499.

 

 

 

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