Francisco de Paula Vázquez, Diputado por Mayagüez en las Cortes Constituyentes de 1869

Francisco de Paula Vázquez, Diputado por Mayagüez en las Cortes Constituyentes de 1869Uno de los grandes derechos que la revolución de septiembre conquistó, fue el que las Antillas tuvieran su representación en las Cortes Constituyentes de 1869. Este derecho, que se había negado a las colonias de Ultramar en contra del espíritu eminentemente liberal que animó al alzamiento de Cádiz, hizo que las puertas de la Asamblea se abrieran a los diputados antillanos, para que pudieran exponer ubérrimamente los males que les aquejaban, y procuraran soluciones radicales que llevaran a aquellas regiones el bienestar y prosperidad que tanto han menester.

D. Francisco de Paula Vázquez y Oliva nació en Curazao (Antilla holandesa) el 2 de Setiembre de 1821 . Un año contaba apenas cuando se trasladó con sus padres a Puerto-Rico [sic], estableciéndose estos, como ya sabemos, en la villa de Mayagües [sic]. Allí recibió el joven Vázquez la instrucción primaria, cursando después latinidad y filosofía.

Decididos sus padres a darle una carrera literaria, con que pudiera labrarse un porvenir independiente no titubearon en dedicarle al foro: para lo cual, y a costa de inmensos sacrificios que tuvieron que hacer, en 1836 le mandaron a la Península, haciendo sus estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, en donde obtuvo el grado de bachiller en artes.

Un año más tarde, esto es, en 1837, trasladada aquella Universidad a Madrid, se matriculó en derecho civil, ganando los seis cursos sin la menor interrupción, y obteniendo en todos los exámenes la nota de sobresaliente, como así mismo en los grados de bachiller y licenciado, que recibió a claustro pleno la de nemine discrepante.

Últimamente, en Julio de 1842, y cuando apenas contaba veintiún años, recibió la investidura de doctor en jurisprudencia, quedando incorporado al claustro de la Universidad central.

xxxxxx xxxxxxTerminada su carrera con un éxito tan brillante como hemos visto, entró a practicar en el acreditado bufete del eminente jurisconsulto D. Manuel Pérez Hernández, en cuyo estudio permaneció un año, regresando a Puerto-Rico en 1843.

Como se ve, las esperanzas de sus padres no fueron defraudadas por el joven Vázquez, puesto que respondía de un modo tan elocuente a los vehementes deseos que aquellos abrigaran en su corazón paternal. Y se comprende que correspondiera así a los sacrificios hechos por sus padres hasta terminar su carrera, toda vez que no contaba con una pingüe herencia, ni mucho menos, debiendo atenerse tan solo a lo que sus trabajos jurídicos le produjeran. Una vez regresado a Puerto-Rico, abrió su estudio de abogado en la villa de Mayagües, partido judicial de la misma, logrando al poco tiempo adquirir gran crédito y verse favorecido por una numerosa clientela, que se confiaba a nuestro joven abogado con la mayor buena fe.

Bien pronto su fama se extendió por toda la isla, en términos de ser buscado con afán para la defensa de numerosas causas a cual más importantes, que apenas si le dejaban el tiempo necesario para atender a las necesidades de la vida.

Esto, unido a una asiduidad inquebrantable en el trabajo, le ha proporcionado formarse una posición tan desahogada, que hoy posee uno de los mejores capitales del partido judicial de Mayagües.

Con una popularidad tan notoria como justificada, se comprende que se viera asediado continuamente con cargos de reconocida importancia en su partido; pero encerrado en una modestia digna de todo elogio, ha rehusado siempre ejercer ninguno, no obstante las reiteradas súplicas de sus amigos, y el buen deseo que algunas corporaciones manifestaran de tenerle en su seno.

Sin embargo, en 1868 tuvo que hacer una excepción. Invitado continuamente por personas que le tenían en gran estima, a quienes no podía negar tan laudables deseos, y creyendo por otra parte de algún valor los servicios que como funcionario público pudiera prestar a la villa de Mayagües, aceptó el cargo de síndico primero de aquel ilustre ayuntamiento, que des empeñó con el mayor celo e inteligencia, mereciendo por ello los plácemes de aquella corporación, por los grandes servicios que prestara en las difíciles circunstancias por que atravesó el partido de Mayagües en aquella época, desempeñando no tan solo las funciones especiales que como síndico tenía a su cargo, sino las numerosas comisiones que se le confiaron, las que, con su actividad y buen deseo de ser útil a sus conciudadanos, desempeñó con entera satisfacción de todos.

Amigo del orden, y con una conducta irreprochable, el Sr. Vázquez ha merecido las más honrosas distinciones de las autoridades de la isla, hasta el punto de proponerle al gobierno de la metrópoli para senador del reino, como así mismo para una gran cruz.

Ahora, examinando la faz política del Sr. Vázquez, debemos manifestar que milita en las filas del partido liberal, único que hoy tiene razón de ser en aquella isla, y al cual pertenece la inmensa mayoría de sus habitantes. Porque si bien es verdad que hay otros dos bandos denominados conservador el uno y separatista el otro, tienen tan pocas simpatías entre los puerto-riqueños, en particular el segundo, que puede decirse son letra muerta para aquella isla.

El partido liberal, pues, que abriga en su seno lo más ilustrado de aquella colonia, es el que está dispuesto a defender a todo trance la nacionalidad española, y a reclamar por medio de sus representantes en la Asamblea Constituyente que la libertad en Puerto-Rico sea un hecho, y que unas mismas leyes rijan a aquella isla, emancipándola de la dictadura que hasta ahora se ha venido ejerciendo en ella.

Francisco de Paula Vázquez, Diputado por Mayagüez en las Cortes Constituyentes de 1869Decretadas por el Gobierno provisional las Cortes Constituyentes, y tan pronto como se supo en Puerto-Rico que las Antillas tenían también representación en la Asamblea, la opinión general designó desde luego al Sr. Vázquez para el cargo de diputado con la mayor espontaneidad, puesto que ni de palabra ni por escrito manifestó a nadie la idea de aspirar a tan honroso cargo. Por el contrario, fue preciso que sus numerosos amigos y personas de gran valía en la Isla lo obligaran, digámoslo así, a aceptar la representación de Mayagües ; representación que aceptó de buen grado al ver la unánime voluntad de sus conciudadanos.

El Sr. Vázquez viene, pues, a la Asamblea Constituyente sin compromiso de ningún género y con la conciencia libre para emitir sus ideas (que serán siempre las más radicales) en pro de la autonomía de Puerto-Rico, y cooperar con sus compañeros de diputación, por cuantos medios estén a su alcance, para que Puerto-Rico sea, no una colonia vejada y oprimida como hasta aquí, sino una provincia con las mismas leyes y atribuciones que las demás de la Península.

Para terminar la reseña biográfica del diputado puerto-riqueño, diremos que D. Francisco de Paula Vázquez y Oliva es doctor en jurisprudencia, y del claustro de la Universidad Central; abogado del Ilustre Colegio de esta Regencia y del de San Juan de Puerto-Rico; académico profesor de la de Ciencias eclesiásticas y de la Matritense de jurisprudencia y legislación; comendador de número de la de Isabel la Católica; caballero de la distinguida orden de Carlos III, y auditor honorario de marina. En cuanto a su vida privada, bastará decir que tiene el noble orgullo de que se le cite como modelo de honradez y laboriosidad, que unido a unas costumbres de intachable moralidad, hacen de él un buen esposo y un cariñoso padre de familia.


* Extraído del libro “Los diputados pintados por sus hechos”, colección de estudios biográficos sobre los elegidos por el sufragio universal en las Constituyentes de 1869, recopilados por distinguidos literatos y seguidos de un exacto e imparcial resumen histórico de las causas y efectos de la revolución española hasta el día en que las Cortes decidan la definitiva forma de Gobierno que ha de regir en la Nación. Tomo segundo. R. Labajos y compañía, Editores. Madrid, 1869.

 

 

 

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