Un laboratorio viviente el Bosque Comunitario de Río Hondo

María hizo en el Bosque Comunitario de Río Hondo en Mayagüez lo que en el resto del país, arrasó con todo lo que encontró a su paso. Los daños no han sido calculados porque 60 días después del azote del poderoso huracán, sus manejadores no han podido atravesar el amasijo de materia vegetal que impide penetrarlo. Sin embargo, doña Irma Ramírez pasa horas limpiando y rescatando materiales para restaurar el primer bosque comunitario del Caribe.

“Cuando estemos bien organizados todo lo demás se mantendrá en pie. El sofrito, las frutas. Estamos pidiendo conseguir semillas o plantas de frutales para comenzar a sembrar frutas por todos lados”, dijo la vecina del barrio y secretaria del Proyecto Comunitario AgroEcoTurístico Barrio Río Hondo, Inc. que adquirió y administra el Bosque desde hace unos 12 años.

El optimismo de doña Irma compara con el de la investigadora Jennifer Rivera, estudiante graduada del Recinto Universitario de Mayagüez quien ha hecho investigaciones en el bosque junto a su mentor, doctor Oscar Abelleira de la facultad de Ciencias Agrícolas del Colegio de Mayagüez. “Los bosques de Puerto Rico y este bosque es resiliente”, aseguró Rivera a mayaguezsabeamango.com.

Lo que María se llevó

Doña Irma RamírezDoña Irma Ramírez“Como podrás ver María destrozó el umbráculo (una estructura de aluminio cubierta de plástico que protege las plantas del sol) completamente. Nos llevó todo. Las siembras de cilantrillo, pimiento, tomates, ajíes, el sistema de riego. Los peces del sistema acuapónico todos se murieron y tenemos esa destrucción ahí”, se lamenta doña Irma quien admitió no haber podido entrar al bosque.

“Hay árboles cruzados por todos lados y no se puede pasar. Hemos tratado de brincar por los árboles para ver cómo están las matas de café pero lo único que podemos observar son tres o cuatro matitas que no podemos visualizar si el café está en pie”, añade preocupada.

Antes de María en el bosque se habían sembrado entre 500 y 600 matas de café. “Una semana antes del temporal empezamos a cosechar porque estaba coloraíto y comenzamos a cogerlo. Después no hemos podido hacer nada más”.

Actualmente los manejadores del proyecto están pensando no reponer el umbráculo, entre otras cosas, porque su reconstrucción costaría mucho dinero que ellos no tienen.

Un vivero viviente

Después de todo para restaurar el bosque el umbráculo no es necesario. “Nosotros tenemos ya un vivero viviente. Nosotros tenemos el bosque y nos sirve para sembrar árboles allí adentro. Lo podemos poner a funcionar para sembrar árboles nativos y seguir reforestando áreas aledañas al bosque”, ilustró Rivera.

Aunque reconoce que ha habido un cambio “drástico” en el bosque gris que ella vio, una semana después del azote del temporal, la científica mira el futuro con optimismo.

“No había ni una sola hoja, era triste verlo. Ahora me siento bien optimista de cómo se ha movido el bosque a través de este mes. Hay tantos retollos (retoños) y tanta revegetación que ahí es cuando uno dice: no es que el bosque se perdió es que simplemente pasó por un momento donde se desfolió y ahora está creciendo otra vez”, indicó.

Si algo bueno ha quedado tras el devastador azote del huracán categoría cuatro es la posibilidad de aprender y prepararnos para el próximo.

“Desafortunadamente nos pasó un estrago por encima pero para aprender es un buen, buen suceso. Aquí tenemos un laboratorio viviente y comunitario”, resumió la joven que admite que para ella fue abrumador ver la destrucción de la finca.

Fue el propio Abelleira quien le advirtió que para la comunidad científica esta es una gran oportunidad. “Es un momento de mucha ventaja para nosotros, la comunidad científica, donde podemos estudiar este fenómeno in situ, cuando acaba de ocurrir y aprender de esto para prepararnos para el próximo y comenzar a hacer recomendaciones para que no nos vuelva a ocurrir”.

Restauración lenta

La estudiante graduada recordó que justo cuando pasó María los académicos estaban estudiando los bosques noveles, que son bosques “que tienen muchos ensamblajes de especies nuevas que no se han visto, que no era lo que había originalmente. Ahora estamos estudiando el factor del disturbio del huracán”. El último fenómeno de este tipo fue el huracán categoría tres George en 1998 y antes de eso Hugo en el 1989, categoría cuatro.

Anthony Pérez y Jennifer RiveraAnthony Pérez y Jennifer RiveraJunto a Rivera llegó al bosque el técnico de investigaciones científicas, Anthony Pérez para hacer un censo de los árboles que se cayeron y los que están en pie, 60 días después del paso del dañino ciclón.

La prioridad de los investigadores en este momento es que la comunidad entienda que el proceso de restauración de un bosque es lento. “No es un ecosistema como el que nosotros tenemos en el sistema agrícola en que se ve la cosecha al mes o los tres meses. Cuando hablamos de un bosque estamos hablando de periodos de años”, sostuvo Rivera.

Sin embargo, la devastación plantea nuevas posibilidades para el bosque. “Esta misma sombra que nos provee el bosque se puede utilizar para sistemas agroforestales. Y hay muchos espacios que ahora no tienen la sombra que los árboles requerirían pero otros cultivos se pueden aprovechar de ellas”, explicó.

Según dice, la comunidad debe comprometerse a trabajar en la planificación y restauración del bosque de 70 cuerdas para que dentro de tres años se puedan ver los frutos

“Ahora mismo la percepción de la gente hacia los árboles es negativa. Es lo que me obstruyó el paso a mi casa, lo que me obstruyó poder buscar ayuda, es lo que me dañó mi propiedad. Aquí están todos concentraditos en un área. Si las personas tienen percepción de que (el huracán) fue dañino aquí es algo positivo. Aquí se pueden proteger. Puedes venir sembrar tu arbolito, puedes mirarlo y ver algo más positivo”, recomienda Rivera. Conteo de árboles

Conteo de árboles

Mientras doña Irma desyerbaba los bancos de orégano brujo que sobrevivieron el huracán, Jennifer y Anthony recorrieron las veredas principales de El Flamboyán y El Comején para hacer un conteo preliminar de cuántos árboles están obstruyendo el camino y cuántos árboles de todos esos se pueden salvar.

“En la vereda hay como 40 o 50 árboles que necesitan recogerse y otros 20 árboles para usar en madera. Hay muchos de esos árboles que la madera no es tan densa y se pueden utilizar para delimitar las veredas o utilizarlas como estacas para darle soporte a otros árboles que están en riesgo de caer y constituyen un peligro o aquellos que se pueden salvar”. Eso lo determinarán las recomendaciones del Servicios Forestal Federal quienes también participan en el proyecto de investigación.

Previamente Pérez y Rivera habían hecho un estudio de estructura, composición e identificación de árboles para saber qué tipo de árboles componían el bosque.

“Este bosque está dominado por especies introducidas que llegaron aquí luego del abandono agrícola. Estas eran tierras de caña hasta 1970 cuando se paró su uso agrícola y el bosque comenzó a formarse”, recuerda Pérez.

Lo que se ha descubierto después de María es que debajo de ese bosque hay especies nativas que están creciendo y “esta es la oportunidad para que esas especies nativas den un paso adelante”.

Entre las especies nativas se encuentran la Guara, Guaraguao y la Casiaria. “Vimos retollos (retoños) en el sotobosque que son esas primeras semillitas que crecen. Vimos matitas de Guara y Guaraguao”, explicó Rivera.

“Empezamos a ver que dentro de todo ese caos del huracán María esas especies nativas pueden crecer, porque esas introducidas le proveyeron a ellas el ambiente”, puntualizó Rivera.

Ahora toca involucrar a la comunidad para dejarle saber que el bosque también representa un gran potencial para emprender nuevos negocios.

Pérez sugiere que se mire a los centros de acopio que han abierto los municipios para depositar los escombros vegetativos, tierra y basura como lugares donde conseguir materia prima. “Para hacer otros productos como composta. Es una cosa que se puede utilizar y utilizar todo. Todavía hay potencial grande en este bosque”, recalcó.

Asamblea comunitaria y plan de manejo

Los estudiantes y los vecinos se reúnen el próximo 7 de diciembre en asamblea comunitaria para discutir el plan de manejo del bosque que los científicos agrícolas han elaborado, producto de la investigación de campo que han realizado en el primer bosque comunitario del Caribe.

La presentación incluye cinco capítulos con datos recopilados en un censo realizado por los estudiantes, antes del huracán, y se concentra en cinco objetivos: lo social, lo ambiental, el estudio de la fauna presente y la estructura y composición del bosque. También podrían discutirse los detalles de un manual de voluntarios en el que han intervenido estudiantes de Administración de Empresas desde el RUM.

“Ahora vamos a demostrarle a la comunidad lo que se hizo antes del huracán junto al doctor Oscar Abelleira. Con el profesor Germán Ramos vamos a desarrollar nuevas ideas para poder medir las expectativas y ver cómo se pueden utilizar todos los residuos vegetativos que hay en el bosque. Hay mucha madera que sí se puede salvar”, insistió. Otro beneficio para la comunidad es que los académicos recomiendan sembrar árboles frutales o comestibles y maderables.

A limpiar las veredas del Bosque

Los estudiantes, investigadores y la comunidad de Río Hondo han hecho una convocatoria para limpiar las veredas del bosque el domingo 9 de diciembre. “Vamos a tener el personal indicado que nos va a decir los pasos a seguir. Son personas adiestradas para manejar este tipo de situación”. Los bomberos y técnicos del Servicio Forestal de los Estados Unidos darán apoyo a los voluntarios.

“Necesitamos mano de obra, personas que estén con deseos de echar pa’lante esto. Este es un proyecto muy bueno y no se puede dejar caer. Van a venir más huracanes y hay que seguir siendo resiliente y echar pa’lante”, insistió.

El primer bosque comunitario del Caribe

El Bosque Comunitario de Río Hondo es un bosque natural secundario, un área urbana sin alterar, donde hay especies nativas e importantes cuerpos de agua que lo convierten en un gran pulmón para Mayagüez y la zona oeste. Tiene varios cuerpos de agua que nutren al Río Hondo que eventualmente nutre la cuenca del Río Guanajibo que a su vez nutre de agua potable al oeste de la Isla.

En los últimos años y como parte del proyecto para la preservación del bosque, los vecinos habían desarrollado veredas para paseos guiados y para el avistamiento de aves y se había instalado una tienda desde donde vendían los frutos que allí se cosechan. También vendían pasteles que confeccionan los vecinos con productos de la finca, además de jugos y granizados de frutas de allí.

Hace dos años el alcalde de Mayagüez, José Guillermo Rodríguez viabilizó la conservación de la finca de 70 cuerdas que la comunidad había alquilado a un dueño privado durante diez años, al parear los fondos otorgados a estos, mediante propuesta, por el Departamento de Agricultura Federal con el fin de preservar la finca como bosque a perpetuidad.

En el 2015 el Departamento de Recursos Naturales de los Estados Unidos, le aprobó una asignación de $1,000.000.00 a la propuesta del proyecto de autogestión comunitaria.

“Estamos positivos que lo vamos a levantar y aunque no sea con la estructura del umbráculo, aquí vamos a estar”, concluyó esperanzada doña Irma.

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