Doce años después estrena en Mayagüez documental sobre Filiberto Ojeda

El huracán Irma pasaba por la costa norte de Puerto Rico mientras Freddie Marrero estaba en Roma, terminando la postproducción de su película Filiberto, un documental de 75 minutos que dirigió y produjo sobre la vida del líder machetero, Filiberto Ojeda Ríos. Con su película por fin terminada dentro de un maletín, Marrero llegó a Puerto Rico el 8 de septiembre para encontrarse con un gran apagón en toda la isla. Todo estaba listo para la premiere del documental que le tomó doce años completar, pautada para el 23 de septiembre en un cine de Mayagüez.

Sería el día de la conmemoración en que el ícono independentista murió desangrado por un tiro una docena de años atrás. Pero pasó el huracán María, y una vez más, el proyecto encontró un tropiezo que forzó a cancelar y posponer la primera presentación mundial de esta historia audiovisual.

Pero de tropiezos sabe Marrero, siendo la obtención de fondos uno de los mayores retos del proyecto. “El tema de Filiberto en Estados Unidos no es potable para nada. Cuando digo en Estados Unidos me refiero a las instancias que pueden dar dinero para esto: Sundance, Latino Public Broadcasting… En una propuesta -entre tantas que escribí-, recuerdo que yo puse que Puerto Rico era una colonia y el feedback que me daban los comentadores era “according to who”. Pasaban cosas así, cuando ya yo creo que en Puerto Rico, hasta los estadistas hablan de colonia”.

El recorrido de Freddie Marrero

Filiberto es el primer largometraje documental de Marrero en calidad de director y el segundo como productor, pues también produjo el documental Nuyorrican Basquet (2017, dirigido por Julio César Torres y Ricardo Olivero Lora) que está en nueve salas de cine a través de toda la isla desde el pasado 16 de noviembre. Además, ha producido y dirigido varios cortometrajes -tanto documentales como de ficción- a lo largo de su carrera. Sobresale entre ellos Aljuriya (2002), un documental de 60 minutos sobre la situación en Palestina, que co-dirigió junto al director Gabriel Coss, a quien Marrero considera “su primer maestro”, ya que esta producción fue antes de que estudiara cine formalmente en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños en Cuba, especializándose en producción.

Freddie MarreroFreddie MarreroEgresado de sociología en la Universidad de Puerto Rico, continuó sus estudios sociológicos a nivel graduado y postgraduado en el Graduate Center del City University of New York (CUNY), donde también trabajaba como investigador mientras hacía trabajo voluntario como activista desde la página web Vieques Libre. Se convirtió en una suerte de contacto para personas de todos lugares que conectaban con él a través de la página y de algún modo, por su experiencia en Nueva York con migrantes palestinos, transitó de su interés en Vieques como territorio ocupado a explorar similitudes y contrastes con la situación palestina en medio de la violencia de la Segunda Intifada, allá para el año 2000. Llegó hasta Palestina con un grupo de voluntarios y decidió que lo que él fuera a contar de esa experiencia no podía hacerse a través de palabras. Tenía que ser una captura audiovisual.

“Estando en la sociología, entendía que generar documentación de video era importante, porque los trabajos audiovisuales tenían más impacto, y también eran los tiempos en que Michael Moore de momento rompía taquillas con sus películas y lograba impacto haciendo cosas sociales desde el documental. Y bueno, los trabajos de la sociología eran así; el Journal del American Sociological Association se reunía en un hotel, pero yo sentía que eso no tenía un traslado más allá. Y mi amigo Juan Casaña, [con quien yo hacía] Vieques Libre, se fue conmigo a Palestina, grabamos -porque él había estudiado fotografía- y más o menos teníamos una unidad de producción bien liviana, bien pequeña. Entre los dos hicimos la captura de material, también hicimos “crowdsourcing”, en el sentido de que la misma organización con que trabajamos nos dio otro material de otros eventos que habían sucedido antes de nosotros llegar y con eso es que, con Gabriel -que dirigió la película desde el montaje- editamos Aljuriya, mi primer documental”.

Luego de esa experiencia Marrero solicitó admisión a la escuela de cine cubana y hasta allá llegó. Cambió de rumbo hacia una carrera cinematográfica que ha continuado hasta el día de hoy.

El 23 de septiembre de 2005

Hace 12 años, Marrero estaba con el documentalista Leandro Fabrizzi mientras escuchan en la radio que Filiberto Ojeda había muerto. Freddie y Leandro (quien fue el director de fotografía de la mayoría del pietaje y uno de los productores asociados de la película), todavía sin saber bien qué harían con el material, fueron a capturar la llegada del cuerpo a Ciencias Forenses, cubrieron todos los servicios fúnebres, fueron al Ateneo, al Colegio de Abogados, a Naguabo (su pueblo natal)… En medio del frenesí por la muerte y todo lo que estaba pasando en Puerto Rico, tuvieron la intuición de documentar y “grabar por impulso”, sin tener idea de que dedicarían doce años de sus vidas a completar ese proyecto.

“Yo creo que lo primero fue ese impulso de ‘vamos a registrar’; todavía no sabemos para qué, ni qué vamos a hacer con esto, pero después de que grabamos varios días corridos, tuvimos un proceso de reflexión y decidimos sí mira, aquí hay pie para buscar un desarrollo, que es la primera etapa. O sea, tratar de investigar un poquito mejor de Filiberto y hacer una carpeta de producción, para entonces mover esto en búsqueda de apoyo y recursos para configurar un equipo. Pasa todo este torbellino -porque, yo no sé si tú recuerdas, pero fue algo bien fuerte en el país- y eso fue lo que nos llamó la atención. Salió la canción de Calle 13 como 48 horas después, esa misma noche había manifestaciones en el tribunal, rápido empezaron a hacer graffitis, y entonces como que hubo un impacto en el pueblo, en la gente. De momento nosotros vimos en el Ateneo, o en el Colegio de Abogados, no recuerdo bien, que fue Rafael Hernández Colón a pasar frente a Filiberto, frente al cadáver. Fue el arzobispo, el monseñor, y tú decías aquí hay algo, gente haciendo fila, muchos quizás por curiosidad porque no saben, pero aquí hay algo interesante que captó la imaginación y el apoyo por diferentes razones y mucha gente del pueblo se volcó”, recuerda Freddie.

Obtuvieron fondos de CUNY para investigación en el Centro de Estudios Puertorriqueños de dicha institución. Además, en ese momento existía un fondo de desarrollo en lo que entonces se llamaba la Corporación de Cine de Puerto Rico, el cual les otorgaron para desarrollar su proyecto (hoy día no existe ni el fondo de desarrollo, ni la Corporación de Cine; ahora se llama Programa de Cine y está adscrito al Departamento de Desarrollo Económico). Así, hicieron una primera configuración de guión y equipo de trabajo, pero, indica Marrero, “todo eso te puedo decir que ha cambiado tanto, que yo no puedo ni trazar una genealogía de cómo cambió el crew, ni de cómo cambió el guión”.

Luego de esa fase inicial, gran parte de los años de trabajo se fueron en la búsqueda de financiamiento, decepciones, renegociaciones con la Corporación de Cine, acciones legales, competencias y propuestas que no llegaron a ver la luz. Mientras tanto, lograron una co-producción minoritaria de Venezuela y accedieron a unos fondos de Ibermedia, entre otras fuentes de ingreso, que les permitieron seguir adelante con la filmación. Cuando por fin en 2015 se concretó el dinero de la Corporación de Cine, el proyecto se empezó a mover con una celeridad que no había logrado tener antes, y alcanzaron a completar un “rough cut” de la película. Con ese corte Freddie se presentó en 2016 a una competencia internacional de La Habana tipo “work in progress”, cuyo premio es la finalización de los proyectos cinematográficos. Allí ganó y así fue como llegó a Roma a terminar toda la postproducción de imagen y sonido del documental.

Muchas manos en el proceso

Tras varias configuraciones de equipos de trabajo, para Freddie fue clave la entrada de Tito Román en la etapa de la construcción final del proyecto; el empujón que le hacía falta para que todo ese material acumulado acabara cogiendo forma. Román, activista político y cineasta conocido por sus documentales El Antillano (2014) y Ayotzinapa en mí (2016, el cual estará en diciembre en el 39 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana), también estudió cine en Cuba, con concentración en edición. “El guión final es compartido entre Tito Román, Ray Figueroa y yo. Ray es un guionista profesional, también egresado de Cuba. Juntos los tres vimos todo el material e hicimos el guión de montaje, y entonces Tito y yo íbamos trabajando la edición a partir de ahí”. Entre el resto del equipo de trabajo Marrero resalta que la fotografía, aunque es un crédito compartido, recae en su mayoría en Leandro Fabrizzi. El sonido es de Margarita Aponte (que también fue su sonidista en Nuyorrican Basquet). El editor de sonido es Marcos Salaverría, de Venezuela. El productor ejecutivo es de Venezuela también, Raúl Bravo, un productor de mucha trayectoria y coproductor de El abrazo a la serpiente (2015) de la cual Marcos Salaverría también fue sonidista, y ambos ganaron varios premios. La casa de diseño y animación es Zoom Ideal, cuyo trabajo en Nuyorrican Basquet ha cautivado.

La película tiene además la participación de grandes artistas puertorriqueños, como Jerry Medina, que colaboró como productor musical y compositor. Evocando al Filiberto trompetista, Medina tocó la trompeta en varios momentos de la película. También hay una instancia del documental que cuenta con los famosos Cuadernos de la Corte que hacía el artista plástico Antonio Martorell para las ediciones dominicales del periódico El Mundo durante todo el juicio de Filiberto Ojeda en la corte federal.

Marrero recuerda que cuando comenzaron el proyecto había alrededor de tres documentales sobre Filiberto grabándose a la misma vez. “Nosotros empezamos a hacer el documental con una camarita de cineasta humilde y llegaban los otros camarógrafos con los camarones grandes a grabar y le hacían así con el codo a Leandro para meterse alfrente y wow, era toda esta carrera de documentalistas y todos los proyectos tuvieron el mismo fin, que si no fuera por seguir ahí por 12 años, también eso era a lo que estaba destinado este proyecto: a que no se hiciera. Todos esos proyectos fueron quedándose [en el camino]… Si tú ves el maratón, vas viendo las bicicletas quedás, porque no se llega, porque realmente hacer un documental así es difícil”.

Si se juntan todas las cartas de rechazo en Estados Unidos de todos estos proyectos documentales sobre Filiberto sería interesante, dice Marrero, aunque “en Latinoamérica sí el proyecto ha tenido más agarre”. Contra toda adversidad, Marrero insiste en que por otros lados lo que ha encontrado es mucha generosidad: “Nosotros tenemos en Puerto Rico el apoyo de la Fundación Manrique Cabrera, hemos tenido el apoyo de un montón de personas en carácter individual, anónimos muchos de ellos, otros no anónimos. Tuvimos apoyo de un crowdfunding. O sea, gracias a ese apoyo de personas e incluso instituciones que creen que esta memoria, que este esfuerzo, es importante y que no es obstinado, se ha hecho.” Es por todo el apoyo recibido que no se podía rendir.

Documentar el clandestinaje

Más allá de los retos que supuso conseguir fondos o respaldo de su país para este proyecto, Marrero enfrentó el desafío que supone hacer cine documental biográfico en Puerto Rico por los retos de acceso a material de archivo, sobre todo tratándose de una figura que vivía en el clandestinaje y que existía tratando -a conciencia- de no dejar huellas de su identidad. Sobre esta dificultad añadida, dice Marrero: “Eso lo hace más complejo que una biografía de otra persona, qué sé yo, como Mohamed Ali, que grababa muchos “tapes”, que le gustaba tener fotógrafos, etc. En Filiberto hay claramente dos etapas de clandestinaje bien definidas desde que lo arrestan en el Barrio Charca en el ‘70 y lo vuelven a arrestar en el ‘85 en Luquillo el 30 de agosto; ahí hay 15 años en que Filiberto estuvo clandestino, con diferentes nombres, no teniendo una residencia, no teniendo una licencia que decía Filiberto Ojeda con residencia aquí… Eso está claro de esos 15 años. La segunda etapa es desde el grillete en 1990 hasta que ocurre su asesinato, ambas cosas el 23 de septiembre, separadas por 15 años literalmente. Además, los 10 años previos a su arresto en Barrio Charcas, él estaba también un poco “off the grid”, porque ya desde ahí él estaba usando seudónimos. Esto, ciertamente, lo hace difícil y lo hace también interesante. Pero yo no te puedo decir que el documental resuelve todo y tú sabes finalmente quién es Filiberto, porque es una persona compleja, viviendo en el clandestinaje, teniendo protocolos de compartimentalizar la información.”

No obstante, plantea Freddie, el registro periodístico de entrevistas a Filiberto a partir de su arresto en el ‘85 y su consiguiente estadía en la cárcel en Nueva York, fue dejando un cuerpo de material audiovisual muy importante para la película. “Ché Paraliticci fue el primero que va a la prisión en Nueva York. Después Eddie Aguiar metió una cámara en Nueva York y lo entrevista y ya ahí se genera una imagen videográfica. Luego sabemos de las entrevistas en clandestino, que tenemos la de Daisy Sánchez que es la primera, y luego sabemos que él tuvo entrevistas con Penchi, con Jorge Rivera Nieves, que tuvo un año de vida pública con el grillete y ahí lo entrevista Silvia Gómez. Luego en los últimos años lo entrevista Rafael Lenin que ya es un periodista más joven. Por otro lado, el FBI, de 1983 a 1995, establece una vigilancia física y electrónica sobre Filiberto y eso dejó una cantidad de fotografías y de audio producto de esa vigilancia”.

Para las entrevistas del documental, indica Marrero, buscaron testimonios de personas que hubieran conocido a Filiberto de alguna forma, ya fueran allegadas a él por la vía familiar o por la organización Los Macheteros, así como personas opuestas a él, como son los agentes del FBI que lo arrestaron y vigilaron. Lo que evadieron fueron los testimonios de historiadores o analistas que lo vieran desde afuera. Todos los entrevistados tenían como requisito haber conocido a Filiberto en algún momento de sus vidas. Tenían que hablar en primera persona y contar su versión de lo vivido. En ese sentido, el documental “no busca ser adversarial con ninguno”, sino que presenta todos esos puntos de vista para ir construyendo esta historia.

Un documental sobre la vida y no sobre la muerte

Durante la conversación hubo una insistencia de Freddie en que este documental es sobre la vida de Filiberto y no sobre su muerte, pues la controversia alrededor de su asesinato es un asunto no resuelto que el documental no dilucida. Al preguntarle a Freddie por qué si es al momento de su muerte que se interesa en Filiberto como sujeto, que decide que esa historia se debe contar, por qué concentrarse en su vida y excluir su muerte del relato, el cineasta planteó que la película terminó imitando su propio proceso de acercamiento a Filiberto como persona:

“Lo conozco por la muerte y a través de la muerte conozco su vida, porque cuando te conté que empezamos a grabar ese fin de semana yo ni sabía que Filiberto era músico, no sabía qué hijos tenía o no, entonces ciertamente el choque de la muerte me lanzó en una exploración sobre su vida y la película terminó imitando ese mismo proceso en mí. La muerte estaba en el guión, pero la película hubiese necesitado tener el doble del tiempo de duración. O sea, básicamente la muerte tiene su propio arco dramático y hubiese podido ser una serie que uno ve en Netflix en dos partes, vida y muerte. Sería perfecto y es lo que realmente a mí me gustaría, porque lo triste de todo esto es que para la muerte yo tengo el material y se hicieron las investigaciones y las entrevistas. Pero cuando hicimos el libreto, desde el punto de vista narrativo, si entrábamos en eso teníamos que contar una historia. O contábamos una, o las dos y hacemos una película larga de tres horas y media, y realmente todavía no la hubiese terminado. Así que fue una decisión un tanto pragmática”.

Marrero conoció pues a Filiberto en el proceso. “Filiberto yo creo que tiene una personalidad muy particular, pero él no era un superhéroe con capa, él era una persona común y corriente, pero era una persona muy concentrada en hacer las cosas en las que él creía. Fue tan consistente que logró morir como vivió. Logró no abandonar su ideal y eso es muy difícil, esa consistencia de seguir luchando por algo y sacrificar todo”.

Pero Filiberto no se trata solo de una persona; es también un pretexto para hablar del país, un tropo, una idea que el director nos quiere presentar, una manera de mirar nuestra historia desde un punto de vista muy particular, agarrando el contexto colonial de nuestra isla como telón de fondo. Los primeros años tras la muerte de Filiberto, plantea Marrero, en Puerto Rico se vio una efervescencia de afiches, murales, graffitis sobre su figura. “Y lo que yo he seguido viendo es cómo todo eso se ha ido desdibujando, borrando… Ya los murales no están, el único mural que queda es el mural de Manuel A. Pérez y es porque han ido los vecinos del residencial al tribunal a defenderlo. El de la UPR no está, los que había en Río Piedras no están. Queda una cara tallada en Barrio Charca en Quebradillas. Esas son las huellas físicas que yo recuerdo, quizás hay otras…”, rememora Freddie.

Nuestra situación colonial queda en evidencia, al ver que este documental viene a formar parte de apenas un puñado de historias visuales sobre nuestras figuras históricas. Dónde está la historia audiovisual de Lolita, dónde está la historia de Barbosa o incluso de José de Diego, se pregunta Freddie. “Por razones industriales de lo que cuesta el cine, nosotros no tenemos historias visuales que tú puedas ir a Netflix y ver. Eso es un poco lo que decía Tito Román cuando hizo El Antillano, que él le quería poner un video a sus amigos de Costa Rica o Nicaragua para que supieran que Betances nació en Cabo Rojo e hizo todas estas cosas y curó enfermedades en Francia, pero no tenía esa herramienta”. En otros ámbitos culturales, señala Freddie, hay representaciones o rescates históricos, por ejemplo, dice que “las mejores imágenes que yo tengo de Albizu desde un punto de vista artístico es la obra de teatro de Nelson Rivera con ese monólogo super impactante interpretado por Teófilo Torres”. Pero esas interpretaciones escasean, y por tanto, no existen como referentes en el imaginario popular. “Hay un vacío para poder verlo representado y yo pienso que también es un poco eso, ese esfuerzo por la representación, la memoria, que te dije que Filiberto desapareció. Pues hay otra gente que ha desaparecido también y que vale la pena rescatar”.

Para Marrero este proyecto es un punto de partida para generar una conversación. “Ojalá que los tres documentales que empezamos estuvieran hechos los tres y que pudiera haber un diálogo. A mí lo más que me aterra es que la película de Filiberto se quede sola y que no hayan más, porque entonces va a ser la única, como si fuera un canon. Para mí es mejor esa intertextualidad, que converse con otras cosas, que se haga una historia de Los Macheteros, que no es el propósito de este documental, pero hace falta. Y que todas esas cosas puedan como que ir dialogando. Así es que se construye identidad, país y memoria. Además de que definitivamente la historia siempre se hace desde el presente, y aunque estamos haciendo la historia de una persona que nació en 1933, él luchó contra el colonialismo, él defendió la lucha armada, y en el Puerto Rico de hoy, de PROMESA, la película también alberga un mensaje”, culmina Freddie.

El estreno

Los boletos para la premiere de Filiberto estarán a la venta a partir del martes, 5 de diciembre, directamente en la boletería del cine independiente del Mayagüez Town Center, donde será el estreno. Únicamente se presentará el sábado, 9 de diciembre, en tres tandas: a las 4:00 pm, 6:00 pm y 8:00 pm, y el domingo 10, a las 3:00 y 5:00pm. “De verdad yo no sé al día de hoy cuándo se va a volver a presentar y te estoy hablando con la mayor genuinidad posible. No hay fechas aún. En el 2017, el único lugar en que se va a ver en el mundo, es en Mayagüez, el 9 de diciembre”.


* Publicado en www.80grados.net.

 

 

 

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