Cólera Morbo: la epidemia reinante a mediados del siglo XIX

Cólera Morbo: la epidemia reinante a mediados del siglo XIXEl cólera morbo fue la epidemia reinante en Puerto Rico entre 1855 y 1856. En aquel momento se desconocía su modo de transmisión. Desde el descubrimiento hecho por Robert Koch en 1884, sabemos que es una enfermedad contagiosa que se contrae al entrar en el organismo el microbio conocido como vibrio cholerae. Generalmente esto ocurre al ingerirse agua contaminada con materia fecal, el vómito de los infectados o comestibles impregnados con la diarrea colérica.

Los síntomas de la enfermedad son diarreas repetidas, calambres intensos, convulsiones, vómitos y fiebres. Ante tal cuadro clínico de deshidratación, de no reponerse los fluidos, generalmente la muerte sobreviene en pocas horas.

El saldo oficial de 25,820 muertos por el cólera morbo, desde noviembre de 1855 hasta fines del 1856, constituyó una gran catástrofe en Puerto Rico. Sin lugar a dudas, es el azote más mortífero en nuestra historia hasta el presente, con el mayor número de víctimas en un solo año.

Desde 1830, el gobierno español en Puerto Rico se mantenía en alerta, mientras el cólera azotaba otras islas del Caribe. Dadas las continuas comunicaciones e intercambios comerciales durante esos años, sorprende el hecho de que nuestra isla se mantuvo libre del flagelo a pesar de su presencia en las vecinas islas del Caribe: en Santo Domingo en l833; en Cuba hubo varios brotes (l833, l850, l853-54); en Santa Lucía: l834 y l854; en la Martinica: l835; en Jamaica: l850; en Bahamas: l852; en Nevis: l853; en Barbados y en Trinidad en el l854. En octubre de 1855 se recibieron noticias en Puerto Rico sobre los estragos del cólera en Caracas.

Desde comienzos del l855, La Gaceta de Puerto Rico reproducía del Eco Hispanoamericano una advertencia sobre los síntomas del cólera: “en tiempos de cólera todo malestar brusco o sin motivo como frío, calos fríos [sic], vértigos, desvanecimientos, palpitaciones, opresión, espasmos al pecho, cólicos, diarreas, ansias de vomitar, vómitos, inquietud en las piernas, cansancio grande sin motivo, calambres en piernas o brazos más o menos fuertes”. Estos síntomas aislados o en conjunto merecían mucha atención. Se recomendaba ejercitarse, tener una buena alimentación, no exponerse a cambios bruscos de temperatura para evitar el estrago o mitigar sus efectos, instrucciones muy poco plausibles en sociedades pobres. En cuanto al cuidado médico, recordemos que los facultativos escaseaban, sobre todo en las áreas rurales que constituían la mayor parte de Puerto Rico.

Las fuentes contemporáneas a la invasión del cólera dan fe del terror en que vivía la mayoría de la población por la llegada de una enfermedad cuyos síntomas de diarrea, calambres, vómitos, fiebres intensas y muerte inmediata o a las pocas horas, eran imprevistos y fulminantes.

Ante las noticias de cólera en las islas vecinas y Tierra Firme, las autoridades coloniales solicitaron a los alcaldes, «practicar indagaciones para saber si efectivamente se sufría el cólera en dichos puntos» También se mantuvo un estricto cumplimiento de cuarentenas a los barcos. No obstante, su llegada fue inevitable. Luego de veinte años de prevenciones, el cólera entró el 10 de noviembre de 1855 por Naguabo, «precisamente un foco de negocios de reses que se transportaban a otras Antillas». Otras versiones señalan que el cólera se introdujo por el mismo puerto de Naguabo en unos barriles de harina comprados en la vecina isla de Saint Thomas. Otros creen que la enfermedad se desarrolló por la introducción de unos sacos de cacao, por vía también de Saint Thomas, procedentes de Venezuela.

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Cólera Morbo: la epidemia reinante a mediados del siglo XIX

* Esta es una colaboración entre 80grados y la Academia Puertorriqueña de la Historia en un afán compartido de estimular el debate plural y crítico sobre los procesos que constituyen nuestra historia. Vea el artículo completo que fue publicado en www.80grados.net en este enlace.